Beato Carlos el Bueno
Mártir · † 1127
Mártir, príncipe de Dinamarca, conde de Flandes, defensor de los pobres
El beato Carlos el Bueno, hijo de san Canuto, rey de Dinamarca, fue conde de Flandes. El Martirologio Romano lo llama custodio de la justicia y defensor de los pobres. Fue asesinado mientras oraba en la iglesia de San Donaciano de Brujas. La Iglesia lo recuerda como mártir el 2 de marzo.
Nació en Dinamarca en la primera mitad de la década de 1080; no se conoce la fecha exacta. Su madre era Adela, hija de Roberto I el Frisón, conde de Flandes. En 1086 el rey Canuto fue muerto en la iglesia de San Albano de Odense, y la reina huyó con su hijo pequeño a Flandes, a la corte de su padre. Cuando, algunos años después, volvió a casarse y partió hacia Italia, Carlos se quedó en Flandes.
Siendo un joven caballero fue a Jerusalén para visitar el Santo Sepulcro y durante algún tiempo combatió en Tierra Santa. A su regreso fue consejero de su primo, el conde Balduino VII, que no tenía hijos y lo designó sucesor. Hacia 1118 Carlos se casó con Margarita de Clermont; su matrimonio no tuvo hijos. En 1119 asumió el gobierno de Flandes, aunque antes tuvo que vencer a sus adversarios.
Como conde trabajó ante todo por la paz. Restableció el respeto a la ley, prohibió llevar armas en las villas y en los mercados, defendió a la Iglesia y a los pobres. El cronista Galberto, notario de Brujas, dejó escrito que a Carlos le ofrecieron la corona del Reino de Jerusalén y, tras la muerte del emperador Enrique V, también la corona imperial. El conde las rechazó, porque no quería abandonar Flandes.
Cuando en 1125 el hambre azotó Flandes, Carlos alimentó cada día en Brujas a cien pobres, e hizo lo mismo en sus otras villas. Según Gualterio de Thérouanne, autor de su Vida, en Ypres repartió en un solo día siete mil ochocientos panes. Prohibió elaborar cerveza, para que el grano se destinara al pan, y mandó sembrar una parte de los campos con guisantes y habas, que maduran antes. Según la tradición, obligó también a los especuladores a vender a un precio justo el grano que habían acumulado.
La mayor influencia en Brujas la tenían entonces los Erembald, y el jefe de la familia era Bertulfo, preboste del cabildo de San Donaciano y canciller de Flandes. El conde sostenía que esta familia descendía de gente no libre, lo que la exponía a perder sus cargos, y castigó al sobrino del preboste, Borsiard, por sus saqueos haciendo quemar su casa. Entonces se tramó una conjura. Al amanecer del 2 de marzo de 1127, Carlos repartió limosna como cada día y fue a la iglesia de San Donaciano. Rezaba los salmos y tendía la mano con monedas para los pobres, cuando Borsiard y sus hombres lo mataron a espada.
El crimen, cometido en una iglesia y en plena Cuaresma, conmocionó a Flandes. Los asesinos fueron sitiados en Brujas, y el rey de Francia Luis VI castigó a los culpables. Carlos fue sepultado en la iglesia de San Donaciano, y desde el principio el pueblo lo veneró como mártir. Aquella iglesia fue demolida entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y sus reliquias descansan hoy en la catedral de San Salvador de Brujas. El papa León XIII confirmó su culto en 1882.