
Beato Bartolomé de Breganze
Obispo
Obispo, dominico, fundador de la Milicia de Jesucristo
El beato Bartolomé de Breganze, llamado también Bartolomé de Vicenza, fue dominico, predicador y teólogo, y después obispo: primero de Limasol, en Chipre, y luego de su Vicenza natal. Vivió en el siglo XIII. El Martirologio Romano lo recuerda el 27 de octubre.
De su juventud se sabe poco. Nació en Vicenza hacia el año 1200; la fecha exacta no es segura. La tradición lo hace descender de una poderosa familia de la cercana Breganze, pero él mismo firmaba como Bartolomé de Vicenza, y los historiadores ponen en duda ese origen. Según la tradición estudió en Padua, allí ingresó en la Orden de Predicadores y recibió el hábito de manos del propio santo Domingo.
Predicó en las ciudades del norte de Italia, desgarradas por las luchas de facciones y por las herejías, y se esforzó por reconciliar a los enfrentados. En 1233 fundó la Milicia de Jesucristo, una orden militar para laicos, también casados, que se comprometían a defender la fe católica y la libertad de la Iglesia. Su regla, escrita para los caballeros de Parma, fue aprobada por el papa Gregorio IX. Esta es la obra que el Martirologio menciona junto a su nombre. Más tarde Bartolomé enseñó teología en la curia papal.
En 1252 el papa Inocencio IV lo nombró obispo de Limasol, en Chipre. Desde allí Bartolomé visitó en Tierra Santa al rey de Francia Luis IX, el futuro santo, que se encontraba allí con la cruzada; entre ellos nació una amistad. A finales de 1255 el papa Alejandro IV lo trasladó a la sede episcopal de Vicenza. Pero la ciudad estaba dominada por Ezzelino da Romano, recordado como un tirano, y el obispo solo pudo tomar posesión de su diócesis después de la muerte de este, en 1259.
También fue enviado a Inglaterra en nombre del papa. En el camino de regreso se detuvo en París junto a Luis IX, y el rey le regaló una reliquia de la Santa Cruz y una espina de la corona de espinas de Cristo. En 1260 Bartolomé las llevó a Vicenza y ese mismo año comenzó a construir para ellas la iglesia de Santa Corona, con un convento de dominicos. Reconstruyó la diócesis tras años de desorden y trabajó por la paz entre las ciudades enfrentadas.
En 1267 predicó en Bolonia durante el solemne traslado de las reliquias de santo Domingo. Dejó colecciones de sermones, entre ellos sermones sobre la Santísima Virgen María, y comentarios a la Sagrada Escritura. Murió en Vicenza. El año de su muerte no es seguro: unas fuentes indican 1270, otras el 1 de julio de 1271. Fue sepultado en la iglesia de Santa Corona, donde sus restos descansan hasta hoy.
Los fieles lo veneraron desde el momento de su muerte. Este culto fue confirmado por el papa Pío VI el 11 de septiembre de 1793. La memoria del beato la celebran los dominicos y la Iglesia de Vicenza. El relicario de la Santa Espina se conserva hoy en el Museo Diocesano de la ciudad.