Beata Victoria Díez y Bustos de Molina
Laico · 1903-1936
Virgen y mártir, maestra, miembro de la Institución Teresiana
La beata Victoria Díez y Bustos de Molina fue una seglar española, maestra y miembro de la Institución Teresiana. Enseñó en la escuela del pueblo de Hornachuelos, cerca de Córdoba, y allí en 1936 dio la vida por la fe. La Iglesia la recuerda el 12 de agosto.
Nació el 11 de noviembre de 1903 en Sevilla, hija única de una familia modesta y profundamente cristiana. Estudió dibujo y pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla y, para cumplir el deseo de sus padres, se formó como maestra y obtuvo el título en 1923. Era de salud frágil, pero tenía un carácter fuerte, una fe viva y un gran amor a la Madre de Dios.
En 1926, en Sevilla, escuchó una conferencia en un centro de la Institución Teresiana, asociación de fieles fundada por el padre Pedro Poveda. Comprendió que en esta asociación podría unir su deseo de santidad y de apostolado con la profesión de maestra, e ingresó en ella. Juan Pablo II citó las palabras con las que en ella se entregó totalmente a Dios: «Si es necesario dar la vida para identificarse con Cristo, nuestro divino modelo, desde hoy dejo de existir para el mundo, porque mi vida es Cristo y morir ganancia».
En 1927 tomó posesión de su plaza de maestra en Cheles, en la provincia de Badajoz, cerca de la frontera con Portugal. Un año después, para estar más cerca de Sevilla, donde trabajaba su padre, pidió el traslado y fue destinada a Hornachuelos, pequeña localidad en la sierra entre Córdoba y Sevilla. Allí se le confió una clase unitaria de 70 niños. En Hornachuelos permaneció hasta su muerte.
El párroco veía en ella a su principal colaboradora. Daba catequesis a los niños, impulsó la Acción Católica y organizó clases nocturnas para mujeres trabajadoras y una biblioteca para antiguas alumnas. Aunque ella misma vivía en la pobreza, se privaba de lo necesario para ayudar a los niños más pobres. En el verano de 1935 participó en León en un curso para maestras de la escuela pública dirigido por el propio Pedro Poveda. A una amiga le confió que estaba dispuesta al martirio.
Al comienzo de la guerra civil, en 1936, se desató en Hornachuelos un ataque abierto contra la Iglesia. El 11 de agosto Victoria fue detenida. Al amanecer del día siguiente, tras una marcha de doce kilómetros, fue fusilada junto al pozo de la mina del Rincón con diecisiete hombres, entre ellos el párroco. Era la única mujer y fue la última en morir. Según el decreto sobre su martirio, hasta el final animó a todos con estas palabras: «Vamos. Nos espera el premio. Veo el cielo abierto. ¡Viva Cristo Rey!».
Su cuerpo fue sacado del pozo el 9 de noviembre de 1936. Descansa en una cripta junto a la capilla de la sede de la Institución Teresiana en Córdoba. Juan Pablo II la beatificó el 10 de octubre de 1993 en Roma, junto con Pedro Poveda, a quien canonizó en 2003. La presentó como ejemplo de apertura al Espíritu y de fecundidad apostólica, una maestra que supo santificarse en su trabajo como educadora en una comunidad rural.