Beata Rosalía Rendu
Monja · 1786-1856
Virgen, Hija de la Caridad, servidora de los pobres del barrio Mouffetard de París
La beata Rosalía Rendu fue una religiosa francesa, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. Durante más de cincuenta años sirvió a los pobres en Mouffetard, entonces el barrio más pobre de París. El Martirologio Romano la recuerda el 7 de febrero, día de su muerte.
Nació el 9 de septiembre de 1786 en Confort, cerca de Gex, en las montañas del Jura, y era la mayor de las cuatro hijas de una familia de campesinos de montaña. En el bautismo recibió los nombres de Jeanne Marie. Durante la Revolución francesa la casa de los Rendu fue refugio de sacerdotes que habían rechazado el juramento a la Constitución civil del clero, y la niña hizo la Primera Comunión de noche, en la bodega, a la luz de una vela. En 1796 perdió a su padre.
En Gex, donde estudiaba con las ursulinas, conoció el hospital atendido por las Hijas de la Caridad y deseó unirse a ellas. El 25 de mayo de 1802, sin haber cumplido aún dieciséis años, llegó a la Casa Madre de la Compañía en París. Cuando su salud se resintió, la enviaron a la casa de las hermanas del barrio Mouffetard. Recibió el nombre de Rosalía. Visitaba a los enfermos y a los pobres, y enseñaba a las niñas el catecismo y la lectura. En 1807 hizo los votos por primera vez y en 1815 fue nombrada superiora de la comunidad.
Con el tiempo sor Rosalía abrió en el barrio un dispensario, una farmacia, una escuela, un orfanato, una guardería y una casa para ancianos pobres. Enseñaba a las hermanas a recibir a los pobres con respeto, porque tras sus harapos se esconde Cristo. Solía decir que una Hija de la Caridad debe ser como un mojón del camino en el que todo el que está cansado puede dejar su carga. Sacaba su fuerza de la oración y, como recordó Juan Pablo II, no se separaba del rosario.
A su locutorio acudían obispos, políticos y estudiantes. Desde 1833 aconsejó a los primeros miembros de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Fue ella, como recordó Juan Pablo II, quien guio al joven Federico Ozanam y a sus compañeros hacia los pobres de Mouffetard. Durante las epidemias de cólera, sobre todo en 1832, cuidó a los enfermos con riesgo de su vida. En los combates callejeros de 1830 y 1848 subía a las barricadas para socorrer a los heridos de ambos bandos. En 1852 Napoleón III le concedió la Cruz de la Legión de Honor, que solo aceptó por orden de su superior.
En los dos últimos años de su vida fue perdiendo la vista. Murió en París el 7 de febrero de 1856, tras una breve enfermedad. Después del funeral en la iglesia de Saint-Médard, una gran multitud acompañó el féretro hasta el cementerio de Montparnasse. Sobre la sencilla tumba se grabaron estas palabras: «A la buena madre Rosalía, sus amigos agradecidos, los ricos y los pobres».
El proceso de beatificación se abrió en París en 1953. Juan Pablo II beatificó a sor Rosalía el 9 de noviembre de 2003 en la plaza de San Pedro de Roma. Dijo entonces que, en una época de conflictos sociales, se había hecho con alegría sierva de los más pobres para devolver a cada uno su dignidad, y que su secreto era ver en todo hombre el rostro de Cristo.