Beata María Restituta Kafka

Monja · 1894-1943

Virgen y mártir, hermana franciscana, enfermera de quirófano en Mödling

La beata María Restituta Kafka fue religiosa franciscana y enfermera de quirófano en el hospital de Mödling, cerca de Viena. No se doblegó ante el nacionalsocialismo: contra la prohibición de las autoridades colgó crucifijos en el hospital, y en 1943 fue decapitada. El Martirologio Romano la recuerda el 30 de marzo, día de su muerte.

Nació el 1 de mayo de 1894 en Husovice, hoy barrio de Brno, en Moravia, y en el bautismo recibió el nombre de Helena. Era una de los siete hijos del zapatero Anton Kafka y de su esposa Maria. Cuando tenía unos dos años, la familia se trasladó a Viena y se estableció en el barrio de Brigittenau. En su juventud trabajó como empleada doméstica y después como auxiliar de enfermería en el hospital vienés de Lainz.

Hacia los quince años decidió hacerse religiosa «por amor a Dios y a los hombres». Al principio sus padres se opusieron. En 1914 fue admitida en Viena en la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Caridad Cristiana y recibió el nombre de María Restituta. Cuidó a los enfermos en los hospitales de Neunkirchen y de Lainz, y en 1919 fue destinada a Mödling.

En Mödling trabajó más de veinte años como enfermera de quirófano y anestesista. Los médicos apreciaban su competencia, y los enfermos su solicitud incansable. Era cordial y a la vez decidida, por lo que muchos la llamaban sor Resoluta. Tras la anexión de Austria al Reich alemán en 1938 no aceptó las restricciones impuestas a la atención espiritual de los enfermos. Contra la prohibición de las autoridades colgó con sus propias manos crucifijos en la parte del hospital recién añadida y se negó a quitarlos.

Uno de los médicos, nacionalsocialista convencido, la denunció cuando dictaba, para que fuera copiado, un poema dirigido contra el régimen. El Miércoles de Ceniza, 18 de febrero de 1942, la Gestapo se la llevó directamente del quirófano. El 29 de octubre de 1942 el Tribunal del Pueblo la condenó a muerte por favorecer al enemigo y preparar un delito de alta traición. Las peticiones de indulto, entre ellas las del arzobispo de Viena, el cardenal Theodor Innitzer, fueron rechazadas. Pasó trece meses en la cárcel y sostuvo el ánimo de sus compañeras de prisión.

Según la carta apostólica de su beatificación, antes de morir pronunció en voz alta la fórmula de sus votos, rezó por la conversión de los enemigos de Cristo, perdonó de corazón a sus perseguidores y recibió la sagrada Comunión. Pidió también al capellán de la cárcel que le trazara la señal de la cruz en la frente. Se nos han transmitido sus últimas palabras: «He vivido por Cristo; quiero morir por Cristo». El 30 de marzo de 1943 fue decapitada en el edificio del tribunal regional de Viena.

El papa Juan Pablo II la beatificó el 21 de junio de 1998 en Viena, en la Heldenplatz. Fijó entonces su memoria el 29 de octubre, día en que se dictó la sentencia, y ese día la celebra la Iglesia de Viena. En su homilía el papa dio las gracias a sor Restituta por haber tenido el valor de nadar contra la corriente de su tiempo.