Beata María Ángela Truszkowska

Monja · 1825-1899

Virgen, fundadora de las Hermanas de San Félix de Cantalicio

La beata María Ángela Truszkowska, en el siglo Zofia Kamila, fundó en Varsovia la Congregación de las Hermanas de San Félix de Cantalicio, llamadas felicianas, para ayudar a los niños abandonados, a los pobres y a los marginados. Pasó los últimos treinta años de su vida en el ocultamiento, enferma y casi sorda. La Iglesia la recuerda el 10 de octubre.

Nació el 16 de mayo de 1825 en Kalisz, primogénita de una familia acomodada; su padre era jurista. A los dieciséis años, cuando ya vivía con su familia en Varsovia, enfermó de tuberculosis y pasó un año en Suiza para curarse; allí, como diría más tarde, aprendió a rezar. Pensó en ingresar en las salesas, pero por consejo de su confesor se quedó junto a su padre enfermo. Durante un viaje con él, en la catedral de Colonia, comprendió que Dios la quería solo para sí, aunque todavía no sabía de qué manera.

En 1854 ingresó en una asociación caritativa de San Vicente de Paúl en Varsovia. Ese mismo año, en dos habitaciones alquiladas, acogió a algunos huérfanos sin hogar y a mujeres ancianas abandonadas. Admitida en la Tercera Orden de San Francisco, recibió el nombre de Ángela. Su director espiritual hasta la muerte de ella fue el capuchino beato Honorato Koźmiński. El 21 de noviembre de 1855, junto con su prima Klotylda Ciechanowska, se consagró a Dios bajo la protección de María ante una imagen de la Virgen de Częstochowa. Ese día se considera el comienzo de la congregación.

Con los niños rezaba a menudo en la iglesia de los capuchinos de Varsovia, ante el altar de San Félix de Cantalicio, representado con el Niño Jesús en brazos. Por su nombre, la gente empezó a llamar felicianas a las hermanas. El 10 de abril de 1857, con nueve compañeras, tomó el hábito religioso, y pronto quedó al frente de la comunidad, que en pocos años abrió más de treinta casas. Tras la Insurrección de Enero, las autoridades rusas, sospechando que las hermanas apoyaban a los insurgentes, disolvieron la congregación en diciembre de 1864.

La congregación renació en Cracovia, en la parte de Polonia bajo dominio austríaco, adonde la Madre Ángela llegó en 1866. En 1868 fue elegida superiora general e hizo los votos perpetuos, pero solo un año después, a causa de la enfermedad y de una sordera creciente, renunció al cargo. Desde entonces vivió en el ocultamiento: rezaba, cultivaba flores en el jardín del convento y cosía ornamentos litúrgicos. Padecía un cáncer. En 1874 las primeras felicianas partieron hacia los Estados Unidos para servir a los emigrantes polacos.

Murió en Cracovia el 10 de octubre de 1899, poco después de que la Santa Sede aprobara las constituciones de la congregación. Sus reliquias descansan en la iglesia de la casa madre de las felicianas. Juan Pablo II la beatificó en Roma el 18 de abril de 1993, el mismo día que a Faustina Kowalska. En la homilía recordó las palabras con las que ella resumió el programa de su vida: amar significa dar, dar todo lo que pide el amor, enseguida, sin pesar y con alegría.