Beata Isabel Canori Mora

Laico · 1774-1825

Madre de familia, terciaria trinitaria, mística

La beata Isabel Canori Mora fue una mujer romana, esposa y madre, terciaria trinitaria y mística. A la infidelidad de su marido y a años de humillaciones respondió con fidelidad, perdón y oración. La Iglesia la conmemora el 5 de febrero.

Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774, hija de Tommaso Canori y Teresa Primoli, en una familia acomodada y de fe sincera. Durante algunos años se educó con las monjas agustinas de Casia, en Umbría, donde recibió la Primera Comunión y se entregó con fervor a la oración. Por motivos de salud regresó a Roma. Allí entró en la vida social y, como reconoce la carta apostólica de su beatificación, empezó a sentir el atractivo de las vanidades del mundo, pero no abandonó el camino del bien.

El 10 de enero de 1796 se casó con un joven abogado romano, Cristoforo Mora. Tras unos meses tranquilos, su marido se unió a otra mujer. Se alejaba de su esposa, la humillaba y la atormentaba, descuidó su trabajo, dilapidó el patrimonio y redujo a la familia a la extrema miseria. Isabel dio a luz cuatro hijas. Dos murieron nada más nacer, mientras que Marianna y Lucina, educadas con amor, fueron su consuelo.

Algunos le aconsejaban que dejara a su marido. No aceptó: quería cumplir los compromisos asumidos en el sacramento del matrimonio. Amaba a su marido, lo servía y lo perdonaba, confiando hasta el final en su conversión. Para mantenerse a sí misma y a sus hijas y pagar las deudas de él, se desprendió de sus joyas, de sus muebles e incluso de su cama. Sin vergüenza aceptó trabajos serviles y cosía camisas por encargo.

En 1801 una enfermedad misteriosa la llevó al borde de la muerte. Sanó inesperadamente y desde entonces se entregó por entero al servicio de Dios. Su oración se hacía cada vez más profunda, y la carta apostólica habla de dones místicos que la sostenían en la pobreza y entre las burlas de sus allegados. Ingresó en la Tercera Orden de la Santísima Trinidad, la rama laical de los trinitarios. Cuidaba de los pobres, los enfermos y las familias necesitadas, y muchos acudían a su casa en busca de consejo, consuelo y oración. Se ofreció a sí misma a Dios por la conversión de su marido y por Roma y la Iglesia, que atravesaba entonces momentos difíciles.

Murió en Roma el 5 de febrero de 1825. Fue sepultada en la iglesia trinitaria de San Carlo alle Quattro Fontane, que en vida había frecuentado a menudo y donde hasta hoy se veneran sus reliquias. Después de su muerte, como ella misma había anunciado, Cristoforo Mora cambió de vida. Ingresó en la Tercera Orden trinitaria y más tarde se hizo franciscano conventual y sacerdote.

Pío XI confirmó la heroicidad de sus virtudes en 1928. Juan Pablo II la beatificó el 24 de abril de 1994 en Roma, en el Año de la Familia, junto con Gianna Beretta Molla e Isidoro Bakanja. En la homilía llamó a las dos italianas mujeres de amor heroico. De Isabel dijo que, en medio de no pocas dificultades conyugales, demostró una fidelidad total al compromiso asumido en el sacramento del matrimonio, educó cristianamente a sus hijas y obtuvo la conversión de su marido.