Beata Gisela de Hungría
Matrona
Reina de Hungría, esposa de san Esteban, abadesa en Passau
La beata Gisela de Hungría, llamada también Gisela de Baviera, fue la primera reina de Hungría, esposa de san Esteban y madre de san Emerico. El Martirologio Romano recuerda que ayudó a su marido a propagar la fe y que, tras la muerte de él, despojada de todos sus bienes y desterrada del reino, se retiró al monasterio de Niedernburg, en Passau, del que después fue abadesa. La Iglesia la recuerda el 7 de mayo.
Era hija de Enrique el Pendenciero, duque de Baviera, y de Gisela de Borgoña, y hermana de Enrique, el futuro emperador, a quien la Iglesia venera como santo. Nació hacia el año 985; no se conocen la fecha ni el lugar exactos de su nacimiento. Hacia el año 996 fue dada en matrimonio a Esteban, hijo de Géza, príncipe de los húngaros. Cuando Esteban recibió la corona real, hacia el año 1000, Gisela se convirtió en reina.
Apoyó a su marido en la construcción de un reino cristiano. Fundó iglesias y monasterios y los dotó con generosidad. Está unida de modo particular a Veszprém: contribuyó a la construcción de su catedral y le regaló valiosos vasos litúrgicos. Se conserva una casulla que, según la inscripción bordada en ella, el rey Esteban y la reina Gisela donaron en 1031 a la iglesia de la Bienaventurada Virgen María de Székesfehérvár. Más tarde fue transformada en el manto de coronación de los reyes de Hungría. Según la tradición, la propia reina trabajó en su bordado.
De los hijos de la pareja real solo Emerico sobrevivió a la infancia. Su padre lo preparó con esmero para gobernar, pero en 1031 el joven príncipe murió durante una cacería. Más tarde, tanto él como su padre fueron inscritos en el número de los santos. Juan Pablo II llamó a Esteban, Gisela y Emerico la primera familia santa de Hungría.
Esteban murió en 1038. Bajo su sucesor, Pedro Orseolo, la reina viuda perdió sus bienes y durante un tiempo estuvo prisionera. Algunos años después dejó Hungría y volvió a Baviera; los historiadores señalan el año 1042 o el 1045. Entró entre las monjas benedictinas de Niedernburg, en Passau, y con el tiempo llegó a ser abadesa del monasterio.
Allí murió un 7 de mayo, pero el año de su muerte no es seguro: suele indicarse hacia 1060, y algunos estudios dan 1065. Fue sepultada en la iglesia de la Santa Cruz del monasterio. En el siglo XV se levantó sobre su tumba un sepulcro gótico, y desde entonces acuden a él peregrinos, sobre todo de Hungría. Una reliquia suya se conserva también en la catedral de Veszprém.
Gisela no ha sido canonizada. Desde hace siglos se la venera como beata, y con este título la recuerda hoy el Martirologio Romano. Los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Francisco, al hablar de la santidad de la familia del rey Esteban, la han llamado beata.