Beata Francisca de Paula de Jesus

Laico · 1808-1895

Laica brasileña, virgen, llamada madre de los pobres

La beata Francisca de Paula de Jesus, a quien en Brasil todos conocen como Nhá Chica, es decir, «tía Francisca», fue una laica de Baependi, en el estado de Minas Gerais. Nacida en la esclavitud, dedicó toda su vida a la oración, a aconsejar a quienes acudían a ella y a ayudar a los pobres. La Iglesia la recuerda el 14 de junio.

Nació en 1808 en los alrededores de São João del-Rei. Su madre, Izabel Maria, era esclava, y no se sabe quién fue su padre. Fue bautizada el 26 de abril de 1810 y recibió el nombre de san Francisco de Paula. De su madre aprendió las oraciones y el rosario, pero, por ser mujer y esclava, no pudo recibir ninguna instrucción y fue analfabeta toda su vida.

Siendo adolescente obtuvo la libertad y se trasladó con su madre y su hermano a Baependi. Pocos meses después murió su madre. Antes de morir le recomendó a su hija llevar una vida retirada, porque así guardaría mejor la fe y podría hacer el bien. Francisca rechazó muchas propuestas de matrimonio, convencida de que tenía otra misión que cumplir. Tampoco quiso vivir con su hermano, sino que vivió sola en una pequeña casa en las afueras de la ciudad.

Su humilde casa se convirtió en un lugar de oración. Cada día reunía a los vecinos para rezar juntos ante una pequeña imagen de barro de la Inmaculada que había pertenecido a su madre, y una vez por semana invitaba a los pobres a comer y repartía limosnas. Por eso la llamaban madre de los pobres. Durante décadas acudieron a ella personas sencillas y consejeros del emperador, ricos y pobres, también de São Paulo y de la entonces capital, Río de Janeiro. A quien le preguntaba de dónde le venían sus consejos, respondía con sencillez que rezaba y que la Virgen la escuchaba y le respondía.

En 1862 murió su hermano y la nombró heredera universal de sus bienes. Francisca los destinó a ayudar a los necesitados y a construir una capilla de la Inmaculada Concepción, que, según creía, le había pedido la Virgen. En 1888, en su testamento, dejó sus bienes a la parroquia e indicó lo que debía venderse y repartirse entre los pobres.

Murió en Baependi el 14 de junio de 1895. Su cuerpo estuvo expuesto en la iglesia durante cuatro días para que la multitud de fieles pudiera despedirse de ella; los documentos de la causa anotan que en ese tiempo no mostró signos de descomposición. Fue sepultada en la capilla que había construido. En su lugar se alza hoy el santuario de Nuestra Señora de la Concepción, donde reposan sus restos.

En 2011 Benedicto XVI reconoció sus virtudes heroicas y aprobó después un milagro atribuido a su intercesión. La beatificó el papa Francisco: el 4 de mayo de 2013, en Baependi, el cardenal Angelo Amato leyó en su nombre la carta apostólica. En ella el Papa llamó a Francisca mujer de oración asidua y testigo perspicaz de la misericordia de Cristo hacia los necesitados en el cuerpo y en el espíritu, y fijó su memoria el 14 de junio, día de su nacimiento al cielo.