Beata Eugenia Ravasco

Monja · 1845-1900

Virgen, fundadora de las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María

La beata Eugenia Ravasco fue una religiosa italiana de Génova, fundadora de la Congregación de las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, a la que confió la educación de las jóvenes y el cuidado de los enfermos y de los niños. El Martirologio Romano la recuerda el 30 de diciembre, día de su muerte.

Nació en Milán el 4 de enero de 1845, tercera de los seis hijos de un banquero genovés. Perdió a su madre en la primera infancia y pasó sus primeros años al cuidado de una tía. En 1852 se fue a vivir con su familia a Génova. Tres años después murió también su padre, y de los huérfanos se hizo cargo su tío Luigi Ravasco, hombre de fe profunda. Desde su Primera Comunión, recibida en 1855, Eugenia tuvo un amor especial por la Eucaristía.

Tras la muerte de su tío, en diciembre de 1862, Eugenia, con diecisiete años, asumió la responsabilidad de la familia y de su patrimonio. La aconsejaba el canónigo Salvatore Magnasco, futuro arzobispo de Génova. Su tía le preparaba un brillante matrimonio, pero Eugenia rezaba para reconocer su propio camino.

El 31 de mayo de 1863 entró en la iglesia de Santa Sabina de Génova para orar ante el Santísimo Sacramento. El predicador, el padre Giacinto Bianchi, preguntaba precisamente a los fieles si no había entre ellos nadie que quisiera dedicarse a hacer el bien por amor al Corazón de Jesús. Eugenia acogió aquellas palabras como dirigidas a ella. Entregó a Dios su vida y el patrimonio heredado, del que solía decir que pertenecía al Señor y que ella era solo su depositaria. Enseñaba el catecismo en su parroquia, abrió su casa a las muchachas del barrio, visitaba a los enfermos en los hospitales y a los pobres, soportando los reproches de sus parientes.

El 6 de diciembre de 1868, a los 23 años, fundó una congregación religiosa que había de hacer el bien, especialmente a la juventud. Surgieron escuelas, asociaciones y oratorios. La madre Eugenia quería educar a los jóvenes para que fueran ciudadanos honrados y santos. En 1878, en una época de abierta hostilidad hacia la Iglesia, abrió en Génova una escuela para la formación de maestras y perseveró a pesar de los ataques de la prensa. El arzobispo Magnasco aprobó la congregación en 1882, y en 1884 la fundadora emitió los votos perpetuos junto con sus hermanas.

Llegaba también a los moribundos, a los presos y a las personas alejadas de la Iglesia. En 1892 construyó en Génova una casa para las jóvenes obreras. Consideraba la alegría el mejor clima para la educación. Durante veinte años sufrió a causa de la enfermedad. Murió en Génova el 30 de diciembre de 1900, a los 55 años. A las hermanas les dijo como despedida: «Las dejo a todas en el Corazón de Jesús».

En 1909 la congregación obtuvo la aprobación pontificia; hoy las hermanas trabajan en varios continentes. Juan Pablo II proclamó beata a Eugenia Ravasco el 27 de abril de 2003 en Roma, en el Domingo de la Divina Misericordia. En la carta apostólica de beatificación fijó su memoria litúrgica en el 24 de octubre; el Martirologio Romano la menciona en la fecha de su muerte.