
Beata Columba Gabriel
Monja · 1858-1926
Abadesa de las benedictinas de Leópolis, fundadora de las Benedictinas de la Caridad
La beata Columba Gabriel fue una benedictina polaca, abadesa del monasterio de Leópolis y más tarde fundadora de la Congregación de las Hermanas Benedictinas de la Caridad en Roma. El Martirologio Romano dice de ella que, injustamente calumniada, llegó a Roma, donde vivió pobre y alegre. Su memoria se celebra el 24 de septiembre.
Nació el 3 de mayo de 1858 en Stanisławów, hoy Ivano-Frankivsk, en Ucrania, en la acomodada familia noble de Rudolf Gabriel y Agnieszka, de soltera Rawska. En el bautismo, que recibió el mismo día de su nacimiento, le pusieron los nombres de Joanna Matylda, y en casa la llamaban Janina. En 1866 la familia se trasladó a Leópolis, donde estudió en la escuela de las benedictinas.
En 1874, a los dieciséis años, recibió el hábito entre las benedictinas de Leópolis y el nombre de Columba, algo poco frecuente en aquella época. Obtuvo diplomas de maestra y enseñó en la escuela del monasterio. Hizo los votos perpetuos en 1882. Juan Pablo II dijo que ya de joven pronunció su «sí» pleno y sincero a Cristo, decidida, según la enseñanza de san Benito, a no anteponer nada a su amor.
Desde 1889 se le confiaron sucesivos cargos: fue priora, ecónoma y maestra de novicias, y en 1897 llegó a ser abadesa. Cuidó del crecimiento espiritual y material del monasterio y de los pobres, que cada vez en mayor número llamaban a la puerta pidiendo ayuda y comida. Sin embargo, sufrió acusaciones que los documentos de la Santa Sede califican de falsas y calumniosas, y en 1900 tuvo que dejar el monasterio y marcharse a Roma.
En Roma la acogieron primero las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret de la beata Francisca Siedliska, y después vivió un tiempo con las benedictinas de Subiaco. No se encerró en su dolor. En los barrios de Prati y Testaccio enseñó el catecismo, visitó a los enfermos y moribundos y cuidó de los niños cuyos padres trabajaban todo el día. Para las muchachas pobres que llegaban a Roma en busca de trabajo abrió la Casa Famiglia, sostenida por un comité de damas romanas presidido por la princesa Barberini.
En 1908 fundó la Congregación de las Hermanas Benedictinas de la Caridad. Juan Pablo II vio en ella un don especial: el apostolado activo de la caridad injertado en el tronco contemplativo de la regla benedictina. Según la carta de beatificación, fue para las muchachas misionera, madre y servidora; compartió con ellas su vida y soportó con alegría una gran pobreza. La ayudó la cofundadora Plácida Oldoini, que después de ella asumió la dirección de la congregación.
Murió el 24 de septiembre de 1926 en Centocelle, entonces un barrio muy pobre de Roma. Dejó a sus hermanas el testamento de cumplir su tarea con fervor y amor y de hacer el bien a todos. Su compatriota Juan Pablo II la proclamó beata el 16 de mayo de 1993 en la Basílica de San Pedro. Como milagro se reconoció la recuperación inexplicable de un hombre de Padua cuyo corazón se detuvo durante al menos veinte minutos en una operación en 1982.