Beata Bolesława Lament

Monja · 1862-1946

Virgen, fundadora de las Misioneras de la Sagrada Familia, precursora del ecumenismo

La beata Bolesława Lament fue religiosa, fundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia. Dedicó su vida a la educación de los jóvenes, a la ayuda a los pobres y a la unidad de los cristianos. La Iglesia la recuerda el 29 de enero.

Nació el 3 de julio de 1862 en Łowicz, en una familia de artesanos, la mayor de ocho hermanos. Al terminar la escuela aprendió el oficio de costurera y abrió su propio taller en su ciudad natal. En 1884 ingresó en la Congregación de las Hermanas de la Familia de María, que actuaba en la clandestinidad. Trabajó en ella nueve años como educadora y maestra, pero no estaba segura de su camino y en 1893, antes de emitir los votos perpetuos, dejó la congregación.

Un año después murió su padre y Bolesława tuvo que mantener a su madre y a sus hermanos menores. Se estableció con ellos en Varsovia, donde llevaba un taller de costura y dirigía un albergue nocturno para personas sin hogar. En 1900 murió su hermano Stefan, que deseaba ser sacerdote. Ante su féretro decidió volver a la vida religiosa.

En 1903, por consejo del capuchino beato Honorato Koźmiński, partió hacia Maguilov, a orillas del Dniéper, en la actual Bielorrusia, para educar e instruir a muchachas. Allí, en octubre de 1905, con la ayuda del jesuita Feliks Wierciński, dio comienzo junto con dos compañeras a una congregación que más tarde tomó el nombre de Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia. Debía servir a la unidad de los cristianos orientales con la Iglesia católica y fortalecer a los católicos en la fe. Bajo el gobierno de los zares las hermanas tenían que ocultar su vida religiosa. En 1907 se trasladaron a San Petersburgo, donde dirigían un orfanato y escuelas para niños de distintas nacionalidades y confesiones.

Tras la Revolución de Octubre la congregación perdió todas sus obras y en 1921 la madre Bolesława regresó a Polonia. En 1926 la casa generalicia y el noviciado encontraron sitio en un antiguo convento de Ratowo, cerca de Mława. Las nuevas casas surgían sobre todo en el este del país, donde los católicos vivían junto a los ortodoxos.

En 1935, a causa de su edad y de su salud, renunció al cargo de superiora general y se estableció en Białystok, donde siguió fundando escuelas y jardines de infancia. Juan Pablo II recordó que vivió dos veces la pérdida de todo lo que la congregación había construido y que en los momentos difíciles se fortalecía con las palabras: «Todo para la mayor gloria de Dios». En 1941 sufrió una parálisis. Pasó los últimos cinco años de su vida en oración, ofreciendo su sufrimiento por la unidad de los cristianos. Murió en Białystok el 29 de enero de 1946 y fue sepultada en la cripta de la iglesia de San Antonio de Ratowo.

Juan Pablo II beatificó a la madre Bolesława el 5 de junio de 1991 en Białystok. Dijo entonces que mucho antes del Concilio Vaticano II se había convertido en inspiradora del ecumenismo en la vida cotidiana por medio del amor. Sus reliquias reposan en el santuario de Białystok, construido en el lugar donde murió.