Beata Antonia Mesina

Laico · 1919-1935

Virgen y mártir de Cerdeña, miembro de la Acción Católica

La beata Antonia Mesina fue una muchacha de Orgosolo, en Cerdeña, miembro de la Acción Católica. En 1935, cuando aún no había cumplido dieciséis años, murió a manos de un agresor mientras defendía su castidad. La Iglesia la venera como virgen y mártir y la recuerda el 17 de mayo, día de su muerte.

Nació en 1919 en Orgosolo, en la diócesis de Nuoro, la segunda de los diez hijos de Agostino Mesina y Grazia Rubanu. Su padre mantenía a la familia con su trabajo de guarda rural, y vivían modestamente. Antonia fue bautizada en la parroquia de San Pedro. En 1920 recibió la confirmación e hizo la primera comunión a los siete años.

Su madre estaba enferma, por lo que Antonia asumió muy pronto gran parte de las tareas de la casa, ayudaba en el campo y cuidaba de sus hermanos menores. Asistió a la escuela primaria y aprendió el catecismo en la parroquia. Iba a misa los domingos y días de fiesta, y a veces también entre semana, se confesaba a menudo y recibía la comunión. Amaba de modo especial la Eucaristía y a la Virgen María, a quien rezaba el rosario.

Se formó en la Juventud Femenina de Acción Católica: de 1929 a 1931 perteneció al grupo de las más pequeñas, y en 1934 y 1935 fue socia de pleno derecho. Animaba a las chicas de su edad a inscribirse también en la asociación. Era de carácter reservado y decidido. Cuando oyó hablar de la muerte de María Goretti, dijo que prefería morir antes que pecar. A una amiga le confió que, si alguien atentaba contra su castidad, preferiría dejarse matar como María Goretti antes que ceder.

En la mañana del 17 de mayo de 1935, Antonia asistió a misa y recibió la comunión, y después fue con una amiga al bosque cercano a recoger leña para cocer el pan. Por el camino animó a su amiga a inscribirse en la Acción Católica. Al llegar, las dos muchachas se separaron un poco. Entonces un joven de su pueblo atacó a Antonia por la espalda con la intención de violarla. Ella se resistió con todas sus fuerzas, y el agresor, enfurecido por su resistencia, la mató golpeándole repetidamente la cabeza con una piedra. En su cuerpo se contaron 74 heridas.

La gente del pueblo consideró de inmediato su muerte como un martirio. También el tribunal que en 1937 condenó al asesino reconoció que había muerto defendiendo su virginidad. La causa de beatificación la abrió el obispo de Nuoro, Giovanni Melis Fois, y la investigación diocesana se llevó a cabo de 1979 a 1984. El 8 de mayo de 1987, Juan Pablo II aprobó el decreto sobre su martirio.

El 4 de octubre de 1987, el Papa la beatificó en la basílica de San Pedro junto con Pierina Morosini y Marcel Callo, el primer domingo del Sínodo de los Obispos sobre la vocación y misión de los laicos. En la homilía dijo que su martirio era ante todo «el punto de llegada de una entrega humilde y gozosa a la vida de su numerosa familia», y que el servicio cotidiano y escondido en casa la había preparado para el don total de sí misma.