Por la reconstrucción del bien destruido, por el trabajo.
Espíritu Santo, lléname de ti, úsame. Aleja de mí todas las fuerzas del mal, destrúyelas para que no destruyan el bien en mi vida, en mis relaciones, en mi trabajo. Aleja de mí las maldiciones, los improperios, los ataques del espíritu maligno, todo lo que es consecuencia de la envidia humana, los celos, la perversidad, la falsa piedad, las calumnias contra mí; todo ello proviene del espíritu maligno. Ata y quema todas estas formas de maldad en el fuego infernal, para que nunca más me toquen. Que sean aplastadas por el talón...