A tus pies estoy, Señor...
Dios, destruye a mis enemigos interiores y exteriores. Cada día me ultrajan, me lanzan insultos y calumnias, se sacian con mi sufrimiento. En sus labios hay mentira y soberbia, burla y desprecio. Creen que son intocables, que nadie les puede hacer frente. Cada día convierten la mentira en verdad y al revés solo por su propia comodidad. Tú conoces mi necedad, mi vergüenza y la mentira que está ante mí. Nada gané con ella y lo perdí casi todo. Dios, abate a los hinchados de soberbia, que no se ensoberbezcan ni opriman...